Katia. Caso Clínico.

Katia. Caso Clínico.

Academia de Terapia Regresiva Doctora Viviana Zenteno.Miércoles, 1 de Octubre de 2014.

Terapeuta: Doctora Viviana Zenteno.

Katia (45) comprende en esta regresión el motivo de una renuncia amorosa. Años atrás ella era libre, pero él no, y era una figura pública.

Terapeuta: ¿Qué estás viendo?

Katia: Estoy viendo desde arriba una isla, con mucha vegetación, voy entrando en la espesura. Ahora desciendo, hay como una selva, y adentro una explanada con un anfiteatro así, grande.

T: ¿Cómo estás vestida?

K: Con una túnica, pelo largo, oscuro, y algunos adornos.

T: ¿Qué edad tienes?

K: Como 25… se me viene que soy una sacerdotisa. Hay un templo… No sé si es una isla o una península, pero está rodeado de mar y el templo está en medio de la selva… veo unos ídolos de piedra, como dioses. Como que yo tuviera un puesto importante, como que sé muchas cosas que otros no saben. En el lugar se queman inciensos o algún perfume. Se escucha música, como de tambores. Dirijo las ceremonias, pidiendo algo a la naturaleza, a los dioses, abundancia, fertilidad, con cantos. Estoy un escalón más arriba que los otros, dirigiendo, invocando.

T: ¿Cuál es tu sensación física en ese momento?

K: Me siento bien ahí. Una sensación de plenitud… como si yo de alguna manera le transmitiera a esa gente cosas que ellos no saben y yo sí sé, entonces eso me da una sensación de poder.

T: ¿Y cuáles son tus emociones?

K: Un poco de orgullo, soy un poco soberbia.

T: ¿Y tus reacciones mentales?

K: Me doy cuenta que esas invocaciones y esos rituales son efectivos, son poderosos.

T: Fíjate, esas sensaciones de orgullo, plenitud y poder ¿Qué te hacen hacer en tu vida como Katia?

K: Me hacen sentir capaz, que yo puedo.

T: ¿Y qué te impiden hacer?

K: A veces me impiden reconocer mis errores.

T: Muy bien. Sigue avanzando hasta otro momento importante para tu alma.

K: Se me viene que yo tenía un amante y que lo mantenía en secreto, porque no debía.

T: Tenías algo oculto… bien, vamos a ver como era eso: uno, dos, tres…

K: Es un guerrero y tenemos una relación fuerte, de amor, pero que no puede salir a la luz pública porque las sacerdotisas debemos ser célibes. Hay en el templo una habitación secreta, y como yo tengo poder, lo introduzco a él. Él pertenece a otra casta, no inferior o superior a la mía, pero separadas, que no deben mezclarse. Yo me siento protectora con él. Él me quiere y es poderoso con su fuerza, con su capacidad de pelear. Pero en lo que respecta al amor, yo soy más poderosa que él.

T: A ver, explícame bien.

K: Es como que él me respetara en exceso, y yo quiero que me tome como mujer, y que no me mire como si yo fuera superior. Que entienda que soy una mujer y quiero ser su mujer. Tiene dudas, no quiere seguir, pero yo le digo que sigamos, que no va a haber problemas. El tiene miedo por los dos pero yo le digo que no nos podemos separar, no debemos separarnos.

T: Continúa.

K: Hay otra gente más poderosa, unos hombres, sacerdotes más importantes que yo, y ellos se enteran. ¡¡Se lo llevan!! ¡¡Trato de defenderlo, y no puedo!! (Katia muestra angustia y temor).

T: ¿Dónde estás tú y dónde está él?

K: En un salón grande donde esos sacerdotes nos dicen que hemos transgredido estas leyes. Se suponía que yo no podía tener este tipo de relación… Es un templo, de piedra, frío, grande, alto. Ellos llevan unas túnicas, sus caras son largas, y usan unos cintillos, no coronas, son bandas en la cabeza. Son dos. Me acusan. Yo estoy ahí parada delante de ellos pero ellos están más arriba, yo estoy abajo, y mi amante está arrodillado, y lo van a castigar a él. Yo les digo que no, que NO, que la culpa es mía… pero… a mí no me van a hacer nada… (Llorando)…se lo llevan…empiezo a gritar, y me sujetan…parece que hay más gente… y yo sé que lo van a matar, lo van a sacrificar a él… y les grito que no… ¡NO! ¡Yo tengo la culpa! ¡No es culpa de él! Por favor… yo tengo la culpa… no es su culpa, por favor… (Llorando y gimiendo)… No… No… No… Yo tengo la culpa, pueden sacrificarme a mí, no a él…

T: Avanza, no te detengas.

K: Pero ellos me dicen que no, que yo soy necesaria, que yo tengo que seguir haciendo mi papel… que hay muchos como él, pero no como yo… Yo les insisto que la culpa es mía pero eso no es lo que les importa… él es uno más… ¡Y para mí es importantísimo! Y cuando se lo llevan, él es muy valiente, pero en sus ojos veo ese desamparo, y tengo ganas de protegerlo… corro tras él y no puedo porque no me dejan. Y quiero morir con él. Ahhh, ay, ay, un dolor en el pecho cuando se lo llevan.

T: De todo lo vivido ahí, ¿qué es lo que más te marca?

K: Cuando me doy cuenta que nos descubrieron… no, pero lo peor es cuando me doy cuenta que el castigado va a ser él y no yo… Parece que me sujetan por los hombros y por el cuello, yo estoy arrodillada en el suelo. Me tiran hacia atrás mientras se lo llevan… esos hombres son muy malos, muy duros, son inflexibles…

T: Siente ese dolor y agótalo.

K: Es como una herida profunda en el pecho… y el cuello…

T: ¿Y tu reacción emocional?

K: Profundo dolor y angustia, deseos de protegerlo, quiero ayudarlo y no puedo. Quiero volar sobre él, y abrazarlo… Y ahora se lo están llevando, y él no se queja, pero su mirada es de un profundo desamparo…

T: Míralo.

K: Es alguien que yo conozco (con un suspiro).

T: ¿Y qué estás pensando cuando se lo llevan?

K: Me doy cuenta que mi poder era nada. ¡NADA!

T: Y todo eso ¿De qué manera te está afectando en esta vida?

K: Me hace proteger a las personas que yo quiero… buscar en los hombres aquel que me parece desamparado, para protegerlo…

Me hace entender que no hay poder que valga… que es fácil engañarse con los honores… que todos somos mortales, y que no sirve envanecerse. Me impide creerme todo el cuento… Es como una advertencia de «No te olvides que en cualquier momento la situación puede cambiar». Y entonces siento miedo cuando soy feliz.

T: Avanza…

K: Tengo que seguir ahí, hacer ese papel de sacerdotisa, como si nada hubiera pasado. Nadie más sabe lo que pasó, sólo los que estuvimos ahí. Y me siento utilizada… antes yo me creía mucho el cuento de mi poder como sacerdotisa, y ahora me doy cuenta que soy un instrumento de esta otra gente, y que a ellos les da lo mismo que yo haya pecado o haya transgredido las normas, porque yo soy sólo una imagen, una forma de mantener ellos su poder.

Entonces, no me van a sacrificar a mí porque habían invertido tiempo y energía en prepararme para ese rol. Y por eso lo castigan a él. Y me empieza a repugnar ese papel que represento, porque ya no creo en nada, ni siquiera en los dioses que invoco… hago mi papel a disgusto, y me siento cada día más violentada.

T: ¿Y cuáles son tus reacciones al sentirte violentada?

K: Siento la rabia, es como un escalofrío de odio por esos sacerdotes que no tienen sentimientos. Ya no puedo querer a nadie. Y trato de ser aún más fría que ellos, porque es peligroso querer a alguien.

T: Y todo esto ¿Qué te hace hacer en tu vida como Katia?

K: Me da la impresión que me hubiera afectado más en mi primera juventud, que yo era muy reticente para querer a alguien. Tenía miedo de entregarme confiadamente, de querer.

T: Ahora irás al último momento de tu vida en esa vida, uno, dos, tres…:

K: Hay una especie de fiesta, como bailes y cánticos, con fuego e invocaciones, y hay otro pueblo enemigo que se aprovecha de eso para invadir y atacar el templo. Empiezan a tirar lanzas y queman, y me llega una lanza en el pecho, y me doy cuenta que me voy a morir. Es como una mezcla, la fiesta que se transforma en matanza.

No siento dolor. Siento una mezcla de sorpresa con alivio: por fin se acabó. Yo me quería morir hacía tiempo.

T: Avanza a través de esa muerte y dime qué está ocurriendo ahí.

K: Voy saliendo de ahí, subiendo, subiendo… veo mi cuerpo que está botado como desarticulado en el suelo y todos pisotean unos a otros, hay mucha sangre, es una orgía de sangre allá abajo… eran unos salvajes, más atrasados que nosotros.

T: ¿Ese lugar, dónde estaba?

K: Algo oriental, como Java.

T: ¿Cómo te sientes al ir subiendo y viendo esto?

K: Más aliviada, como que tuviera menos odio, dándome cuenta que todos nos moríamos, y que era una forma de descansar. Y voy a un lugar como agradable, como flotando, como volumen no más.

T: ¿Qué tenemos que rescatar ahora?

K: Se me viene a la mente que yo lo quería más a él que él a mí. Como que me hubiera gustado que me hubiera estado esperando, y no, no está (riendo). Y me siento un poco desilusionada.

T: Katia, ¿cuál es el aprendizaje de esta experiencia?

K: Nos encontramos en esta vida, pero estar juntos habría destruido totalmente su imagen. En el momento creí que habíamos sido cobardes, pero ahora me doy cuenta que estuvo bien, que pasé la prueba, porque él habría sido otra vez sacrificado por mi culpa.

Enlace del caso original en castellano dentro del sitio web «Terapia del Alma» de la Academia de Terapia Regresiva de la Doctora Viviana Zenteno, en Chile:

https://terapiadelalma.org/katia-caso-clinico/